VISITA GUIADA AL MADRID DE LOS AUSTRIAS

EL PRIMER RECORRIDO ES DESDE LA PUERTA DEL SOL A LA PUERTA DE GUADALAJARA
Nos encaminamos desde el punto Kilométrico 0 a la Calle Mayor.
En el número 1 de la Calle Mayor tenemos el edificio conocido como Casas de Cordero, construido en 1845 y considerado el primer gran bloque de viviendas de Madrid. Su nombre se debe al promotor, Santiago Alonso Cordero, que quiso distribuirlo en partes distintas según capacidades económicas o sociales, por lo que la parte central del inmueble, que se corresponde con las viviendas de lujo, se ve diferenciado del resto.

En ese mismo solar estuvo la Iglesia y el Monasterio de San Felipe, en cuyas gradas se formaba un mentidero en los siglos XVI y XVII. Una placa recuerda el lugar donde estuvo San Felipe y otra el paso por el edificio de Hans Christian Andersen en 1862. En la esquina entre Mayor y Esparteros podemos ver el escudo del promotor Santiago Cordero, en el primer piso encima del McDonalds.

Frente a las Casas de Cordero se encuentra la pastelería La Mallorquina, fundada en 1894, donde recomiendo probar sus palmeras de chocolate o las napolitanas de lo mismo o de crema. El local está siempre lleno y en la parte de arriba hay una cafetería donde a veces se puede encontrar una mesa libre.


Junto a la pastelería, en el número 4 de la calle Mayor de Madrid, está la Casa Palazuelo, de 1921, que hay que ver desde la acera de enfrente para apreciar sus columnas del segundo piso. Destinado a oficinas y comercios, se levanta sobre el solar donde antiguamente estuvo el Palacio de Oñate y se distribuye en torno a un patio central en forma de V iluminado desde arriba por una gran cristalera. Destacan los miradores de hierro y vidrio y algunos elementos clasicistas como las columnas pareadas de orden gigante o los capiteles. Puedes acceder libremente al vestíbulo y galería.
Entre los números 1 y 3 se abre la calle Postas, que conduce a la Plaza Mayor,

CALLE DE POSTAS va desde la de Esparteros a la Plaza Mayor, toma su origen de haber sido este el punto donde estaban las sillas de postas antiguamente para los que tenían que transitar de un punto á otro de la Península, que en aquella época eran los menos por lo largo y costoso de los viajes.
En esta calle fué donde, segun la sucia costumbre que habia en Madrid en aquellos tiempos de verter las aguas por los balcones y ventanas á ciertas horas de la noche, pasando por allí el caballero Bernardino de Obregon que volvía de una audiencia con el rey Felipe II, un barrendero le ensució vaciandole encima un vaso de inmundicia , estropeándole el traje de córte que llevaba e indignado, le abofeteó. La humilde actitud del barrendero, pidiéndole perdón, conmovió tanto su ánimo que decidió dejar su cargo y entregarse al cuidado de los enfermos en el hospital de la corte, que entonces se encontraba junto a la Puerta del Sol de Madrid y entró en la Orden Tercera de San Francisco de Paula, de los mínimos llevando una vida caritativa y ejemplar que después practicó en los hospitales.
En la mencionada calle existe una casa que llaman de la Virgen, en cuyo portal hoy todavía una imagen de Nuestra Señora de la Soledad, con mucha devoción de aquel vecindario; aquí fue donde vivía el alguacil de corte que bajó al sótano el santo simulacro de Nuestra Señora de las Maravillas, en cuya profunda cueva se oyeron aquellas estrepitosas detonaciones que llenaron de espanto y consternación á los vecinos, las que no cesaron hasta que la sagrada figura no fue extraída de aquel sitio olvidado.
En la expresada calle se instalaron Tiendas de los mercaderes de lienzos, sedas, tejidos de lana , percales y muselinas; en algunos portales se veían también algunos fabricantes de cucharas de palo, molinillos, ruecas, etc., etc. También había almacenes de mantas., colchas y otros géneros de abrigo.


En esta calle hay aún comercios muy antiguos entre los que podemos ver el de Sobrinos de Pérez en la calle Postas, 6. El local de la calle Postas se dedica desde su origen al sector textil, sobre todo de tipo religioso. Al final, la tienda se especializa en la venta de artículos religiosos de todo tipo: hábitos, figuras o cualquier otro objeto de culto.
Sus fundadores, Basilio y Leoncio Pérez, oriundos de la localidad de Matute, en La Rioja, vienen a la capital a labrarse un porvenir, poniendo su tiendecita en una de las zonas mejores para el comercio del momento.
Don Benito Pérez Galdós cita este comercio en su obra “Fortunata y Jacinta”, como queda corroborado por la placa que desde 1971 exhibe la fachada.
Otro es La Camerana en la calle Postas, 16. Conocida como La Camerana, es en la actualidad Sucesores de Basilio Sánchez Pérez S. A. y se dedica desde 1854 a la venta de ropa interior. Allí es posible encontrar prendas térmicas, de fibras y tallas especiales.


Los 162 años de vida de La Camerana entraron en la historia el 31 de marzo 2016, a las ocho de la noche cuando este comercio tradicional de Madrid oficialmente dejó de existir. El negocio fundado por los hermanos Modesto, Víctor y Eugenio Hernández en 1854, se ubicaba entonces en el número 44 de la calle de la Montera, ofreciendo desde siempre ropa térmica e interior, así como artículos de lana. Con la llegada del joven riojano Basilio Sánchez Pérez, sobrino de los Hernández, la empresa familiar tomó más impulso, llegando a tener tres tiendas en Madrid. Cinco generaciones después, le toca a Carlos Sánchez Sainz, nieto de Sánchez Pérez, cerrar la última de las tiendas de su familia, en el número 16 de la calle de Postas

La Posada del Peine en la calle Postas, 17. Probablemente uno de los hoteles más antiguos de España y el más antiguo de Madrid. Fue fundado a principios del siglo XVII .Su propietario Juan Posada en 1610 compró una casa en la Calle del Virio Viejo hoy Marqués Viudo de Pontejos con intención de dedicarse a dar alojamiento a los huéspedes y forasteros que llegaban a la Corte, aprovechando la ubicación, ya que allí estaba la parada principal de las diligencias. En el siglo XIX, se amplía con la casa contigua que daba a la calle de Postas, de ahí la dirección actual y su gran tamaño.


Este hotel, el más antiguo de España, debe su nombre al peine que colocaban en las habitaciones, el primer «amenitie» ofrecido en el país, y estaba atado a una cuerda para que no lo robaran. «Fue un hotel de lujo para la época en la que surgió, cuando los nobles llegaban a Madrid e iban al Palacio Real». Es mencionada incluso en los libros de Alatriste
1891 se instaló el actual templete con el reloj para conmemorar los 400 años del descubrimiento de América que se cumplía un año después. Y en otra reforma anterior, en el siglo XVIII, se incorporaron a los balcones de las fachadas alegorías al dios Hermes para que cuide de los sueños de todos los huéspedes. Tras casi 35 años cerrado, la cadena española Petit Palace lo adquirió y recuperó para reabrirlo en el 2006. La posada llegó a tener 150 habitaciones y hoy el Petit Palace Posada del Peine ofrece 67 para adaptarse a las necesidades de los turistas de hoy, En el hall se pueden ver dos bicicletas que el hotel pone a disposición de sus huéspedes de forma gratuita,
Fue y sigue siendo un hotel emblemático, al que no le faltan historias, unas más reales que otras. La habitación 126, ahora inexistente, era la puerta de un pasadizo secreto que servía para esconder fugitivos y fiestas nocturnas. «Fue en la época en la que la parte subterránea de Madrid se conectaba a través de pasadizos», señala José María Sánchez. Y hoy en la parte baja del hotel, donde en su día hubo caminos secretos, entre las anécdotas que no se pueden confirmar se encuentra la de la existencia de un fantasma, según el relato de un huésped y de una camarera que afirmó haberse cruzado por los pasillos con una mujer vestida de negro.


Casa Bartolomé Carnes en la calle de la Sal, 2. Casa Bartolomé Carnes se encuentra situada en un entorno privilegiado: en la calle de la Sal, antigua Real de la Sal, cuyo nombre deriva de que en ella estaba el depósito de venta de ésta. Es una de las calles que nacen de la Plaza Mayor y desemboca en Postas. Se trata de una de las calles del Madrid galdosiano donde los antiguos comercios destacan entre los de venta de fruslerías para turistas.
El abuelo de los actuales dueños comenzó de aprendiz en los años 20 en la carnicería, ya entonces centenaria, y diez años después se queda con el negocio, que, tras tres generaciones, sigue contemplando desde su puerta la Plaza Mayor, mientras vende a madrileños y visitantes carnes como cochinillo, fiambres, quesos y jamones.


Antigua Relojería Calle de la Sal en la calle de la Sal, 2. Fundada en 1880, se recompra por D. Genaro García Morales y se reforma en el año 39 para la venta de relojes, con el taller y la tienda en el mismo lugar.
La última reforma recupera las formas del siglo XIX. El interior, forrado de madera y cristal está repleto de bonitos relojes de pared.
El exterior ha recuperado su primigenia forma, con la madera y el cristal como protagonistas, dando gran estilo a una fachada pequeña pero llamativa por su belleza.
Venden todo tipo de relojes: de pared, antesala, sobremesa, cuco y piezas especiales, casi todos de origen alemán y suizo, con taller propio para realizar todo tipo de arreglos.

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Frente a la carnicería está una de las famosas fachadas pintada por Antonio Mingote, en la que por unos falsos balcones asoman tipos madrileños. Son los trampantojos técnica pictórica que simula, que aparenta, que intenta suplir la realidad. Los trampantojos pretenden engañar, esta es su principal característica, no debemos confundirlo con la pura imitación o el realismo. Simulan objetos, perspectivas, paisajes, o materiales (madera, mármol…) con el objetivo de ocultar defectos, decorar, ampliar o simplemente alegrar una pared, una estancia, o una medianería. Puertas falsas, o que imitan madera, ventanas sin fondo, celosías dibujadas, personajes inmóviles,… escaleras que no llevan a ninguna parte… Los pintores utilizan la perspectiva para engañarnos y darnos sensación de realidad. Como en el edificio de la Plaza de los Carros donde los balcones falsos se confunden con los verdaderos o ese de la Calle La Sal pintado por Mingote.

Por la Calle La Sal desembocamos en la PLAZA MAYOR
Desde los tiempos de Juan II a principios del siglo XV, viene haciéndose ya mención de la Plaza del Arrabal, extramuros de la puerta de Guadalajara, en el mismo sitio que ocupa hoy la Plaza Mayor la más central de la villa; aunque por entonces debió ser de forma irregular y cercada de mezquinas casas, propias de un arrabal;


A medida que la villa fue creciendo en importancia, y dedicándose al comercio la parte inmediata a la antigua entrada principal de la villa, fueron también renovándose aquellas y dando lugar a otras, generalmente destinadas a tiendas y almacenes, algunas construidas por cuenta de la villa, como lo fue la Carnicería y otras. En una real provisión que existe en el archivo de Madrid, del rey don Felipe II fechada en Barcelona a 17 de setiembre de 1593 «cometida al licenciado » Cristóbal de Toro» para que informase «qué costaría «hacer unas tiendas en la Plaza del Arrabal y si seguiría «utilidad en hacerlas quedando su fábrica para los «propios de la villa”, advertimos la circunstancia de que, aun tres siglos después de la ampliación de Madrid con la nueva cerca, y hasta treinta y más años posterior al establecimiento de la corte en ella, se seguía apellidando el arrabal, a la parte de la población, fuera de la antigua muralla.
La Plaza Mayor ocupaba el espacio de la denominada Laguna de Lujan

El estado de deterioro a que había venido la plaza a principios del siglo XVII movió al rey don Felipe III a disponer su completa demolición y la construcción de una nueva, digna de la corte más poderosa del mundo. A este fin dictó las órdenes más convenientes á su arquitecto Juan Gómez de Mora, uno de los más aventajados discípulos de Juan de Herrera, el cual la dio terminada en el corto espacio de dos años (en el de 1619).

En medio del lienzo que mira al Sur, se construyó, al mismo tiempo que la Plaza, el elegante y suntuoso edificio con destino a servir de Panadería, en su parte baja, y Casa real con magníficos salones en la principal, para juntas y otros actos públicos, y para recibir a los reyes cuando acudían á las fiestas solemnes que se celebraban en esta plaza. En el lienzo frontero se elevó también otro suntuoso edificio para Carnicería de la villa
Numerosos actos tuvieron como teatro esta plaza, desde el de 15-5-1620 con motivo de la beatificación de Isidro Labrador, seguido en Octubre de 1621 con la subida al cadalso de don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias y en Junio de 1622 la celebración de la canonización de San Isidro Labrador y los santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier,Teresa de Jesús y Felipe Neri.


En él de desarrollaron fiestas reales y autos de fé. El año 1631 fue trágico para la plaza porque despues de haber sufrido un incendio el 7 de Julio nacido en unos sótanos cerca de la Carnicería y que tomó tal incremento, que corrió hasta el arco de Toledo, desapareciendo en breves horas todo aquel lienzo. Duró el fuego tres días, murieron doce o trece personas, y se quemaron más de cincuenta casas. Un mes despues, el 16 agosto cuando alguien gritó ¡fuego en la Plaza¡ que produjo tal pánico que hubo gran mortandad.
Se sucedieron a lo largo de los años en la plaza, las fiestas, los autos de fé los juicios y los incendios como el de 20 de agosto de 1672, que devoró muchas casas y la real de la Panadería; la cual fue levantada de nuevo en el espacio de diez y siete meses.
Memorables fueron las fiestas en 13-1-1680 por la solemne entrada de la reina Maria Luisa de Orleans, igualmente memorable el auto de fe de 30-6-1680 con 80 reos de los que 21 fueron condenados a ser quemados vivos

El siglo XVIII comenzó para la monarquía española con un cambio de dinastía, de política y hasta de usos y costumbres, al ocupar el trono la casa de Borbon, representada por el duque de Anjou, solemnemente proclamado bajo el nombre de Felipe V que huyó instintivamente de todo lo que le recordaba á la casa de Austria, su antagonista

La Plaza Mayor, ya destituida de la importancia de aquellos actos de ostentación, se convirtió en mercado público, y cubriéndose de cajones y tinglados para la venta de toda clase de comestibles, solo en algunas ocasiones solemnes de entradas de reyes, coronación o desposorios, solía despojarse y volver a servir de teatro a las fiestas realescomo la coronación de Fernando VI, la jura como príncipe de Asturias y luego la proclamación de Carlos III en Julio 1760.

A fines del mismo siglo, un violentísimo incendio que empezó en la noche del 16 de agosto de 1790 vino a destruir parte de la antigua plaza.
Incendio de 1790 en la Plaza Mayor

Pero de estas mismas desgracias nació la necesidad de reedificar bajo una forma más elegante y sólida los dos lienzos ya dichos, bajo los planes del arquitecto don Juan de Villanueva, que levantó el portal llamado de Bringas á principios de este siglo, y han seguido después los arquitectos municipales en las construcciones posteriores; variando, sin embargo, muy acertadamente, el plan de Villanueva en cuanto á la forma de arcos rebajados que ideó para la entrada de las calles, construyendo estos demedio punto y suficiente elevación, en cuyos términos quedó cerrada la nueva plaza el año de 1853.

La Calle Mayor de Madrid se abre ligeramente en la plaza del Comandante las Morenas, es aquí donde estaba la vieja Puerta de Guadalajara, de la muralla medieval de Madrid
La Puerta de Guadalajara conforme lo señalado por Mesonero Romanos en su Manual de Madrid de 1831, estaba situada en el mismo sitio que hoy retiene su nombre en la calle Mayor, como a la embocadura de la calle de Milaneses. Miraba a oriente, y según las pomposas descripciones que se conservan de ella, era magnífica, y de gran fortaleza, con varias torres, cubos, y estatuas que hacían una soberbia perspectiva. En ella había también una imagen de Nuestra Señora, y otra del Santo Ángel, y se conserva hasta que en el año de 1580, haciendo fiestas la villa por haber ganado Portugal el rey don Felipe II, pusieron en ella tantas luminarias que se quemó del todo. Las imágenes fueron trasladadas; la de Nuestra Señora a San Salvador, y luego a Loreto y la del Ángel a la ermita que hicieron los porteros de la villa frente del Puente de Segovia, y ahora se venera en el paseo de Atocha.
Este espacio de la Puerta de Guadalara la recuerda una placa en el número 49, y enfrente tenemos el lugar donde nació Lope de Vega, con placa en el 46.

En el plano de inicio vemos que hasta la calle de Milaneses llegaba la cerca de Madrid, que lo demás de este sitio le ocupaban las viejas alquerías que estaban fuera de la puerta de Guadalajara, y que en una de estas vivió una virtuosa matrona llamada Nusta, en cuya casa hay tradición que abrió un pozo San Isidro, y que por esto a los baños del nº 18 de la calle Mayor se les dio el nombre del Santo y en el n.º 59, se conserva la llamada Farmacia de la Reina Madre.


A la altura del 52, se abre la calle Milaneses, llamada así porque dos relojeros de Milán se instalaron aquí y fueron los primeros en fabricar relojes de bolsillo. Esta calle conduce a la Iglesia de Santiago, y un poco más allá a la Plaza de Oriente. Si levantamos la vista en el 3 de Milaneses veremos la escultura de bronce llamada Accidente aéreo, que está ahí desde 2005 y representa una persona alada que se ha estrellado contra la azotea del edificio.

En el número 61 de la Calle Mayor de Madrid encontramos el edificio en que vivió y murió Pedro Calderón de la Barca, con una escueta placa en el primero que lo recuerda, y a su lado una curiosa tienda de regalos llamada La vida es sueño.
Si avanzamos un poco más desde la Plaza del Comandante las Morenas, por la calle llegaremos a la plaza de San Miguel, desde la que también se accede al mercado del mismo nombre, y aquí precisamente estaba la IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LOS OCTOES. Desaparecida en 1809

Estaba situada esta antiquísima parroquia en lo que hoy es el mercado de San Miguel, en la plaza del mismo nombre, junto a la plaza Mayor. El sobrenombre de Octoes se ha supuesto que procedía del apelativo de unos feligreses protectores, debido a la circunstancia de que tenían ocho hijos. Algunos historiadores afirman, con mayor argumento y seriedad, que proviene del latín “auctores”, en el sentido de garantes o cojuradores, por haber sido quizás iglesia juradera.

Al templo primitivo se añadió, en 1430, una suntuosa capilla, con salida al pórtico, costeada por Ruy Sánchez de Zapata, copero de Juan II, dedicada a la Virgen de la Estrella. Tenía varias cofradías famosas, como la de Santiago, que organizaba fiestas de toros el día de su patrono, y la de los Cordoneros, instituida en 1608, que al ganar un famoso pleito, se les permitió conservar una imagen de la Virgen que habían secuestrado en una ermita de los alrededores.

Aquí, el 6 de diciembre de 1562, fue bautizado Lope de Vega y, más adelante, enterrado su discípulo Juan Pérez de Montalbán.

Delante de la iglesia, que había sido reedificada en tiempos de Felipe III, se hizo, en 1619, una bella plazoleta, que pronto empezó a ser utilizada como mercadillo. Después, en 1636, aprovechando los terrenos de uno de los cubos de la antigua muralla cristiana, se hicieron casas para los coadjutores.

Para esta iglesia mandó labrar el cardenal Zapata un magnífico sagrario, que luego pasó a la iglesia de San Justo, hoy basílica de San Miguel.

En 1790, al incendiarse la plaza Mayor, también lo hizo esta iglesia, y aunque fue reconstruida medianamente, su aspecto ruinoso hizo que José Bonaparte mandase demolerla en 1809. Ya antes, en 1806, había sido cerrada al culto y la titularidad de la parroquia incorporada a la de San Justo, en la cercana calle del mismo nombre, unión que permaneció hasta que, en 1891, al ser dedicado este templo a la Nunciatura Apostólica, ambas parroquias se separan y toman nuevo asiento: San Miguel Arcángel en la calle del General Ricardos y los Santos Niños Justo y Pastor en la iglesia del antiguo convento de Maravillas, en la calle de la Palma.

De la parroquia de San Miguel pasaron a San Justo y después a Maravillas varios cuadros y dos magníficas imágenes de Cristo, de tallas gótica y barroca, que se veneran en la actualidad con los nombres de Cristo de la Buena Muerte y Cristo del Perdón. En una parte del solar resultante del derribo de San Miguel alzó edificaciones el conde de Fernán Núñez; en el resto se formó la actual plaza, destinada desde el principio a mercadillo de venta de pescado.

Allí se colocó una estatua de Pedro I de Castilla, sustituida en 1812 por otra de Fernando el Católico. Finalmente, en 1841, se construyó el mercado, aunque la techumbre no fue posible rematarla hasta 1915.

Desde aquí nos dirigimos a la PLAZUELA DEL CONDE DE BARAJAS.

Emparedada por edificios del arzobispado madrileño, en la misma plaza y en la casamentera calle de la Pasa. Allí, junto a la muralla, entre la Puerta de Guadalajara y la Puerta Cerrada, en los comienzos del siglo XV Ruy Sánchez Zapata construyó su casa-palacio. Don Ruy, que pertenecía a la sexta generación de los Zapata, originarios del Reino de Aragón, fue el primero de una familia que se convertiría en una de las más influyentes de la nobleza madrileña.

Muestra de su vecindad y poder en la Villa es que en 1421 fue procurador en Cortes por Madrid. Al abrigo de la muralla, en 1430 construyó Ruy Sánchez Zapata su palacio. Sin duda Don Ruy eligió un buen lugar para establecerse, cerca de la Puerta más importante, la de Guadalajara, principal salida de Madrid, junto a la plaza de San Salvador, hoy plaza de la Villa, lugar de mercado y de reunión del Concejo. Ese mismo año de 1430 Ruy y su segunda esposa Constanza de Aponte con la que tuvo tres hijos, fundaron una capilla junto a la cercana iglesia de San Miguel de los Octoes, muy lujosa y con un rico artesonado según los cronistas, la de Nuestra Señora de la Estrella. Ruy Sánchez Zapata llamado “el Viejo” fue un hombre longevo para la época, vivió al menos 75 años.

En 1572 Felipe II otorgó el título de Conde de Barajas a su descendiente Francisco Zapata y Cisneros. Los Zapata, condes de Barajas, llegaron a ser dueños de gran parte de las casas de la zona, con el tiempo darían nombre a la plaza, que ya aparece representada en el plano de Texeira

Aquí se encontraba el suprimido Tribunal de la Cruzada. Ya desde el siglo XI d. C., distintos papas habían concedido bulas de cruzada a los reyes castellanos, aragoneses y navarros, contribuyendo así a la guerra de Reconquista en la que cristianos y musulmanes estaban enfrentados por el control territorial en la península ibérica,2 pero el cobro y la administración de los ingresos obtenidos con esta bula había corrido por cuenta de distintos prelados, sin un organismo centralizado que los gestionase, este organismo fue el Tribunal de la Cruzada que fue erigido a finales del siglo XV por los reyes católicos y a principios del siglo XVI le elevó Carlos V a la dignidad de consejo supremo, en cuya clase permaneció hasta que en el año de 1750 se convirtió en comisaría general de cruzada.
Consejo y Comisaría de Cruzada que fue un organismo de la administración española existente entre principios del siglo XVI d. C. y mediados del XVIII, en que pasó a denominarse Comisaría General de Cruzada hasta su desaparición en 1851. Tenía atribuciones consultivas, judiciales y de gobierno para gestionar los ingresos procedentes de las Tres Gracias (bula de cruzada, subsidio y excusado) concedidas por la Santa Sede a la corona española para su utilización en la defensa de la fe católica. En 1534 se nombró su primer comisario, que fue el obispo de Palencia Francisco de Mendoza.

En el nº 1, sobre el antiguo Palacio de los Zapata, se encuentra el que fuera Palacio de la Secretaría de la Santa Cruzada. Construido en 1888 por Gabriel Abreu según proyecto de Francisco de Cubas y González-Montes, marqués de Cubas.

En el nº 2, un edificio de viviendas, uno de los más antiguos de Madrid, pues su origen se remonta a los años 60 del siglo XVII, conservando las características sencillas típicas de la arquitectura del Siglo de Oro.

En el nº 3, construido en los comienzos del siglo XX, la filósofa María Zambrano vivió desde 1931 hasta 1936, así lo recuerda una placa.
Los nº 4 y 6 son obra de Valentín Roca Carbonell, del año 1910.

Vivieron en la plaza además auténticos personajes de película, como el barón de Riperdá, más tarde duque, luego ministro y valido de Felipe V, que, caído en desgracia, protagonizó una espectacular fuga del bien guardado alcázar de Segovia y terminó sus días como converso musulmán en Marruecos. Riperdá, que vivió en el antiguo palacio condal y al que el cronista Pedro de Répide adjetiva como “gran mudador de patrias y religiones”, se merece por lo menos una película con punto de partida en este territorio.

A continuación pasamos a la PLAZA DEL CONDE DE MIRANDA

La Plaza del Conde de Miranda es una plaza pequeña peatonal del Barrio de La Latina. En ella se encuentra la puerta trasera de la Basílica Pontificia de San Miguel con su escudo pontificio representado en la fachada. Dentro de la misma plaza también podrás ver el Convento de las Jerónimas del Corpus Christi fundado en el siglo XVII, llamado también Las Carboneras donde todos los días se oficia una misa en honor a Gonzalo de Córdoba y su mujer, el famoso capitán andaluz que estuvo al servicio de los Reyes Católicos.

En esta plaza emplazamiento se levantó un enorme caserón de un tal García de Cárdenas. Resulta que en el balcón tenía esculpidas dos efigies de sendos salvajes, lo que daba un aspecto temible a la casa. Por este motivo se comenzó a denominar aquella construcción como la “casa de los salvajes” y de ahí pasó a la “Plaza de los Salvajes”.

Pero por lo visto aquel nombre no era muy bien aceptado por vecinos ni por la gente así que hubo que optar por otro mucho más discreto y amigable. De ahí que, aprovechando la proximidad del Palacio del Conde de Miranda se pusiese el nombre con el que hoy todos la conocemos aunque tambien es conocida por plaza del Corpus Christi y plazuela de la Carbonera por la cercanía de este convento.

Según una leyenda, a mediados del Siglo XVIII se detuvo a una mujer perseguida por una macabra acusación. Según parece esta señora se ganaba la vida vendiendo biblias, con las cubiertas forradas, a las cuales les asignaba unas propiedades milagrosas, pero según el rumor el forro de las biblias … ¡procedían de niños muertos! Cuerpos que, al parecer, aquella misma señora robaba de los cementerios aprovechando la complicidad de la noche y que luego usaba para este macabro propósito.

Al fondo de la plaza podemos ver el CONVENTO LAS CARBONERAS O DEL CORPUS CHRISTI

El convento de las Carboneras del Corpus Christi, más conocido como “Convento de las Carboneras”, es un convento de Madrid, administrado por la orden de monjas jerónimas, y situado en la plaza del Conde de Miranda, con fachada a la del Cordón.

Este convento fue fundado por la que fue primera novicia de aquella casa, la conocida condesa Beatriz Ramírez de Mendoza. Con el permiso de Felipe III, el 20 de septiembre de 1605, el Cardenal de Toledo concedió a la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza la licencia para la creación de un nuevo convento, compuesto por varias monjas procedentes del convento de la Concepción Jerónima, y que comenzaría a funcionar con el hábito y la regla de San Agustín. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1981.

Según reza la tradición, unos niños jugaban por la calle que desemboca hoy en la plaza del Conde de Miranda (Austrias), arrastrando un lienzo pintado, que uno de ellos había sacado de los oscuros sótanos de la carbonería de su padre. Según parece, los mozos no se habían percatado de la pintura que cubría una de las caras del recio lienzo. Pero dio la casualidad que pasó por aquel lugar un religioso franciscano, llamado José Canalejas, del convento de San Gil, que se fijó en el cuadro y descubrió en él pintado el rostro de María. Se enteró de la procedencia del lienzo y lo recogió para promover su veneración entre las personas que transitaban por el lugar. El lienzo fue llevado en procesión al convento más próximo, que era el del Corpus Christi. Este hecho está registrado en torno al 11 de junio de 1667. Aquella Virgen fue desde el primer momento conocida como La Carbonera, y carboneras fueron las monjas y el convento.

El convento de Jerónimas del Corpus Christi se encuentra en la plaza del Conde de Miranda y es conocido popularmente como de las Carboneras porque, según parece, uno de los cuadros de la Virgen que se conservan en el convento había sido encontrado en una carbonería. El establecimiento fue fundado en 1607 por Beatriz Ramírez de Mendoza, condesa de Castelar, y su construcción corrió a cargo del arquitecto Miguel de Soria, que confirió al conjunto la discreta fisonomía de las comunidades religiosas del Madrid de los Austrias.

La iglesia conventual presenta una sencilla fachada de ladrillo con un relieve de San Jerónimo y Santa Paula, fundadores de la orden. El interior, de una sola nave con bóveda, ofrece ante todo el interés de conservarse intacta, tal cual fue concebida originalmente, lo que no puede decirse de los templos de su misma antigüedad. En el altar mayor, flanqueado por cuatro columnas corintias, destaca un lienzo de la Última Cena de Vicente Carduccio. La clausura del convento atesora un patrimonio artístico de estimable valor que se concentra sobre todo en las zonas del antecoro y el coro; en este último se encuentra la tabla con la imagen de Jesús Nazareno que, según la tradición, llevaba Santa Teresa en sus desplazamientos.

A continuación vamos camino de la calle Sacramento y nos encontramos la BASIICA PONTIFICIA DE SAN MIGUEL Y ANTIGUA IGLESIA DE S. JUSTO Y PASTOR, Y S. MILLAN SU ANEXO

La iglesia parroquial de San Justo era una de las más antiguas y mejores de Madrid aunque tampoco se tiene noticia de su fundación la renovaron los Reyes antiguos de Castilla, como se veía en los escudos de Armas Reales que tenía en la techumbre la Iglesia vieja, en la cual labraron Capillas para su entierro varias familias nobles de esta Villa.

Este Templo se demolió y a mediados del último siglo se renovó en la forma que tiene actualmente, costeando la obra el Serenísimo Sr. Infante D. Luis Antonio Jaime, entonces arzobispo de Toledo.

Su fachada era suntuosa; pero hallándose en una calle estrecha, se cometió el desacierto de darla figura convexa de modo que casi era necesario irla rodeando para verla bien, y como tiene bastante elevación, es un nuevo obstáculo para su lucimiento, en la fachada habían cuatro nichos con estatuas que representan las cuatro virtudes teologales los dos nichos laterales de la entrada simbolizan la Caridad y Fortaleza, y lo son de don Roberto Michel profesor de mucho mérito y en los dos nichos u hornacinas correspondientes a los de abajo, hay otras dos figuras alegóricas de la Fé y Esperanza, que son del expresado Carisana, quien también ejecutó los ángeles que sostienen una cruz en el remate de la fachada a cada lado de la cual se levantan dos torrecitas adornadas con pilastras que acompañan muy bien a lo demás. La escultura es de piedra blanca de Colmenar, sobre la puerta un bajo relieve del martirio de los Santos Niños obra de don Nicolás de Carisana, más arriba las Armas Reales con las insignias de Cardenal, esta fachada era en su época de las de mejor ornato que tiene esta corte.

Está ubicada en la calle de San Justo, en Madrid (España). Se encuentra junto al Palacio Arzobispal, en el corazón de la zona conocida como Madrid de los Austrias. Está adscrita a la Nunciatura apostólica en España, que la ha confiado al Opus Dei desde 1960, y es la sede de la Hermandad de los Estudiantes (Madrid). Fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional el 28 de noviembre de 1984.
A pesar de sus pequeñas dimensiones, se trata de una de las construcciones arquitectónicas más relevantes del Barroco español, por la singular forma convexa de su fachada y su original planta, poco habitual en el país y única en el Barroco madrileño. El templo, que empezó a construirse en el año 1739, posee una notable influencia italiana. Poco se conoce sobre esta desaparecida iglesia, una de las diez más antiguas de la ciudad. Su construcción era anterior al siglo XIII, o al menos eso se desprende del Fuero de 1202, en el que se la cita. El templo sufrió un incendio en 1690 y quedó completamente destruido.

En 1739 se iniciaron las obras de la construcción actual, a instancias del cardenal infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo, que costeó su ejecución con un presupuesto de 1.421.000 reales. En 1745 se concluyó el edificio.

Reinando José I Bonaparte a la advocación original de los santos Justo y Pastor, se le sumó la de San Miguel, santo que quedó sin feligresía ante la demolición de la vecina parroquia de San Miguel de los Octoes. En el siglo XIX y la feligresía de los santos Justo y Pastor pasó a la iglesia del antiguo Convento de las Maravillas. En 1892 se entregó a la Nunciatura apostólica, adquiriendo el título de basílica pontificia, al trasladarse a Leganitos la parroquia de San Miguel.
En el siglo XX, el Opus Dei se hizo cargo del templo. Esta institución promovió diferentes reformas, como la supresión de los altares laterales y la construcción de una cripta bajo el edificio. En este siglo pasó a ser iglesia pontificia, con el nombre de Basílica Pontificia de San Miguel (es decir, es el templo de la Nunciatura apostólica de la Santa Sede en España).
La basílica mantiene en toda la estructura de su única nave distintos juegos de equilibrios, dada la tensión cóncava-convexa de las superficies y la alternancia de tramos circulares y elípticos con otros de arcos cruzados. A ello se añade la disposición oblicua de las pilastras y columnas, con respecto al eje central, y el cruce en forma de aspa de los arcos torales, en la bóveda.
Entre las tallas más notables de la iglesia, se encuentra la imagen del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón, del siglo XVIII, obra del escultor Luis Salvador Carmona, que sale en procesión cada Domingo de Ramos sacado por la Hermandad de los Estudiantes (Madrid), la primera de todas las que desfilan en la Semana Santa madrileña. Elías Tormo cita en el templo otra talla de Luis Salvador Carmona de Santa Librada crucificada, «muy bella», y un San Pascual Bailón también a él atribuido, que podrían haber pasado a otras dependencias.
Así llegamos a LA PLAZA DE LA VILLA PLAZUELA DE LA VILLA. En la misma plazuela están: la torre de Lujan, donde estuvo en cerrado Francisco í, rey de Francia, prisionero de la batalla de Pavía; las casas del marqués de Castellar y del cardenal Fr. Francisco Ximenez de Cisneros; en la primera murió el gobernador del Consejo, conde de Campomanes.

Esta plaza, cuyo nombre primitivo era de San Salvador, constituye uno de los rincones del Madrid actual que mejor conservan, a pesar de tener edificios de diversas épocas, el sabor y la esencia de lo antiguo. Además de la calle Mayor, su principal acceso, se abren a ella una serie de callecitas, breves y estrechas —apenas portillos—, que forman parte del viejo plano de un Madrid histórico.
Se desconoce cómo pudo ser durante el periodo musulmán, pero a partir de la conquista, fue tomando tal importancia, que con los Trastámara se convierte en el centro oficial y comercial de la Villa. En aquel tiempo, en la parte meridional estaba el edificio de la Carnicería Vieja, que desapareció cuando en 1537 don Benito Jiménez, sobrino del cardenal Cisneros, construye su palacio, conocido como Casa de Cisneros.El lado occidental lo ocupaba la Alhóndiga (depósito de granos y otros comestibles), convertida en Cárcel de la Villa y vivienda del Corregidor en 1497, que también desapareció al edificarse en el siglo XVII la nueva sede del Concejo, la Casa de la Villa, que no es otra cosa que el Ayuntamiento. Hoy la Casa de la Villa está reservada a actos protocolarios y de representación, pues el grueso de las oficinas centrales del Ayuntamiento está en la plaza de la Cibeles, en el antiguo edificio de Correos
CASA DE CISNEROS
La casa Cisneros es una casa-palacio de Madrid, situada en la plaza de la Villa. Fue construida en estilo plateresco en el año 1537, a instancias de Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del cardenal Cisneros (1436-1517).
La fachada que da a la plaza de la Villa fue remozada en 1909, cuando el Ayuntamiento de Madrid adquirió la propiedad del palacio y procedió a su reforma para integrarlo dentro de las dependencias de la Casa de la Villa. Las obras, entre 1910-1914, respetaron el modelo original del edificio principal y el corredor volado que une la Casa de Cisneros con la de la Villa sobre la brevísima calle de Madrid; fueron dirigidas por el arquitecto Luis Bellido y González, que contó con la colaboración de los ceramistas Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo en la obra de azulejería.12 La fachada que da a la calle del Sacramento, que en su origen fue la principal, es la que reúne los mayores valores histórico-artísticos, ya que apenas fue modificada durante las citadas obras de reforma.
Ha quedado noticia de que aquí guardó prisión en el umbral del siglo XVII Antonio Pérez (1540-1611), secretario del rey Felipe II. También destaca el hecho de que en esta casa naciera Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones en 1863, y muriese el ministro Ramón María Narváez en 1868.3
CASA Y TORRE DE LOS LUJANES
Es uno de los conjuntos arquitectónicos más antiguos de la capital de España. Casa y torre datan de épocas diferentes, pudiendo fecharse la torre a principios del siglo xv, y la casa a finales de ese mismo siglo. Fue residencia de Gonzalo García de Ocaña, contador mayor del Reino hasta que en 1450 fue comprada por Pedro de Luján, camarero del rey, por 181 000 maravedíes.1
El conjunto, de estilo mudéjar (la torre tiene una puerta de herradura en su fachada de la calle del Codo), consta de un caserón señorial y una robusta torre alamborada rematada por una torreta con cubierta a cuatro aguas. La casa, de planta irregular y con un patio central, fue reconstruida por Juan de Luján en 1494, y en ella residió la familia de los Lujanes llamados de San Salvador, hasta el fallecimiento de María de la Peña de Francia Casimira Luján, IV condesa de Castroponce.
Si bien no hay datos contrastados, la tradición oral y algunos autores, afirman que el rey Francisco I de Francia residió alrededor de un año en la torre, mientras esperaba al acondicionamiento de algunas estancias en el Real Alcázar, durante su cautiverio tras ser capturado en la batalla de Pavía en 1525
Era uno de los edificios más altos de la capital, probablemente el más alto de los edificios civiles, a principios del siglo xix se eligió la torre para ubicar una estación del telégrafo óptico de la línea Madrid-Aranjuez. Desde 1858 se convirtió en sede de varias sociedades y entidades, como la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas o la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Desde la Plaza de la Villa, por la Calle Mayor y en la misma encontramos el PALACIO DE CAÑETE, que aloja el Centro Sefarad-Israel. Se trata de una construcción de finales del XVI a principios del XVII y que también se llama del Marqués de Camarasa, ya que este noble lo adquirió años después y de él quedó la leyenda de que su espíritu vagaba por sus habitaciones desde que fue asesinado por uno de sus criados cuando descubrió que el marqués trataba de seducir a su mujer.

En la acera de enfrente, en el número 80, abre sus puertas un pequeño comercio llamado La Librería, especializado en libros sobre Madrid. Y un poco más delante, en el 84, tenemos Casa Ciriaco, taberna de las más antiguas de Madrid
Frente a Casa Ciriaco, donde la Calle Mayor de Madrid se hace definitivamente más ancha, encontramos un pequeño monumento dedicado a la memoria de las víctimas del atentado contra Alfonso XIII y su esposa en 1906, que acabó con la vida de muchas personas que presenciaban el cortejo real el día de su boda cuando los recién casados regresaban desde la Iglesia de los Jerónimos al Palacio Real.

Detrás del monumento se alza la Iglesia del Sacramento, Catedral de las Fuerzas Armadas.
A continuación está el Palacio de los Duques de Uceda o de los Consejos
Palacio de los Duques de Uceda
Al lado del monumento se encuentra el PALACIO DE LOS DUQUES DE UCEDA , que alberga el Consejo de Estado y Capitanía General. Se trata de un gran edificio mandado construir por el valido de Felipe III en el siglo XVII para su uso personal y que posteriormente sirvió para alojar a los distintos Consejos Reales. Tiene dos grandes portales de acceso flanqueados por columnas dóricas, unos vistosos escudos nobiliarios incrustados en sus fachadas y una curiosa alternancia de frontones curvos y triangulares en sus plantas altas. Su interior no es visitable.

Lens: Canon EF-S 10-18mm F4.5-5.6 IS STM.

Palacio de Abrantes
Frente al anterior tenemos el PALACIO DE ABRANTES, un edificio pintoresco que destaca por sus pinturas murales en la parte superior de su fachada. Pertenece al estado de Italia, que lo usa como sede del Instituto Italiano de Cultura. Esta entidad organiza frecuentemente actos como exposiciones, conferencias, proyecciones o recitales. Su interior es visitable.

 


En el lateral oeste del Palacio de Abrantes está la pequeña calle de la Almudena, que guarda los restos del ábside de la IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALMUDENA, demolida en 1868. La iglesia de Santa Maria, cuya puerta principal daba a la plazuela de los Consejos era sin duda la más antigua de la villa, y se llamaba la Mayor, así por su antigüedad como por haber sido, en tiempos, catedral. Su arquitectura era de poco mérito, y esta circunstancia unida a la de su estado ruinoso, prevalecieron en el acuerdo hecho para su derribo.
No pudiendo decir mucho de su estructura ni riquezas, diremos algo de nuevo e interesante, concerniente a la tarea de su derribo, describiendo la escena de que fuimos testigos y que tuvo lugar en el panteón de dicho templo.
Dicha escena fue la extracción y traslación de diez y ocho cadáveres que se encontraron depositado en un mal llamado Panteón, debajo del camarín de la Virgen de la Almudena, patrona de la villa, que se veneraba en su altar mayor. Los de fecha más reciente se hallaban allí depositados desde hace cosa de dos siglos, y todos eran de individuos de las ilustres familias de Pastrana y del Infantado.
En realidad no puede llamarse panteón el lugar en que yacían las diez y ocho cajas mortuorias, pues consistía solo en una especie de camaranchón. Colocáronse dos grandes cajones en el pavimento del que fue presbiterio, y los alarifes empezaron a extraer los ataúdes y los fueron abriendo uno por uno y trasladando los restos a los cajones. Como era natural, algunos cuerpos se deshicieron en fragmentos en el camino y perdieron otros partes de sus galas, unas consumidas completamente, y otras en bastante buen estado de conservación, debiendo consignarse sobre este particular algunos detalles.
Se extrajo de una caja un cadáver, que, aunque solo conservaba la osamenta deteriorada, no sucedía así respectos de su traje de la época de Felipe IV. Vestía coleto y gregüescos de terciopelo negro de canutillo, y en el pecho una cruz de seda verde de Alcántara, botas y espuelas bastante bien conservadas, aunque éstas muy oxidadas y aquellas sumida y perdida su forma pero sin deterioro. De otro ataúd forrado de terciopelo carmesí (sólo este y otro eran de este color, pues los demás lo eran de terciopelo negro), se extrajo una momia, la única que tenía la osamenta de la cara, cuello y manos, cubierta de piel; vestida de monja, habito negro, correa ídem y velo que le cubría el rostro, negro también, de gas, en perfecto estado de conservación. Del otro del mismo color, extrajeron los alarifes y colocaron el cajón un esqueleto algo amomiado de una joven y soltera, pues llevaba su palma, con un vestido de seda recamado de un adorno muy tupido formando adornos y flores siendo sorprendente el estado en que se encontraba la cotilla, o corsé como ahora se llama, viéndose por la espalda los ojetes y la trencilla que lo nía, y hasta se le notaba un alfiler oxidado ya que servía para cerrarle aún mas
Otro cadáver vestía hábito de fraile Antonino; a otro se le notaba perfectamente un coleto de piel bordado de hilillo de oro y plata. A uno, bastante consumido, se le extrajo de los fragmentos de ropa y miseria que tenía sobre el pecho un escapulario con una medallita como de una peseta, conteniendo una miniaturita con cristal y una figurilla de medio cuerpo, habito negro, báculo y calabaza por lo que podía tomarse por un San Roque. Últimamente sólo dos ataúdes nos dieron razón del personaje cuyos restos contenía. El uno, en un pergamino que se encontró dentro, decía: Aquí está depositado el excelentísimo señor duque del Infantado. Falleció en 10 de Setiembre de 1623 años.
El otro decía en otra hoja de pergamino: Depositada la excelentísima señora duquesa doña Maria Dearo y Guzman, murió a 10 de febrero de 1693.
Después de hora y media que duraría esta triste operación se colocaron los cajones de pino en un carro de carga pintado de verde con una mula de las que se emplean para el trasporte de materiales que se hallaba en la puerta de la que fue Santa Maria la Mayor.
Un turista de bronce se asoma a las ruinas y se presta a hacer fotos con el Palacio de los Duques de Uceda de fondo.

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